La campaña se vio el martes coronada por la decisión de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Nuevamente como punta de lanza de movimientos que son completamente ajenos a las discusiones actuales en nuestro país, los asambleístas han encontrado una forma de impulsar una agenda de izquierda que les parece ajena. Pero ahí van.
La prohibición de las bolsas de plástico en la capital puede venir por varias razones. La más obvia resulta ambiental, aunque a mi juicio es la más débil. Apostaría a que la decisión tuvo que ver con la devaluación de la moneda mexicana. El costo de la resina se volvió prohibitivo para los supermercados y desde la poderosa ANTAD promovieron algo que sería políticamente correcto: el plástico tarda diez mil años en integrarse al medio ambiente. El costo ecológico de producir plástico es enorme.
Inició como una campaña por parte de los supermercados donde comenzaron a poner en las filas de pago las bolsas amigables con el medio ambiente. En lugar de hacernos gastar cada vez que lleve su mercancía, por qué no mejor paga usted por su propia bolsa y la trae cada vez. Una política impoluta e impecable. Volvámonos ecologistas cuando el costo se ha ido a los cielos. Suena como una buena estrategia.
Hace algunos días platicaba con una amiga sobre las posibilidades de los matrimonios entre la sociedad civil y los grupos de interés ¿qué pasa cuando los objetivos se alinean? Ambos pueden salir ganando. Partiendo de la premisa de que estas uniones serán temporales y que probablemente tan pronto sea conveniente para el grupo de interés (o para el grupo de la sociedad civil), la unión será desechada ¿cómo podemos aprovechar estos alineamientos de estrellas para nuestro beneficio?
Es claro que la iniciativa privada lo hace todo el tiempo. Cada vez que necesita evadir impuestos o legitimarse frente a alguna causa, usa a grupos de la sociedad civil, ya sean cercanos ideológicamente o en el caso extremo cuando son inventados por ellos mismos bajo la estrategia de responsabilidad social corporativa. En el caso de las bolsas de plástico se ha logrado un objetivo doble: por un lado lograrán reducir costos los miembros de la ANTAD de una manera sustancial. Por el otro, los grupos ambientales que tienen en su agenda este tema desde hace años (aunque se ganó una batalla, no la guerra. FEMSA sigue siendo el mayor consumidor de plástico en nuestro país y no ha mostrado interés alguno por reducir menos cambiar sus prácticas).
¿Estamos ante un buen ejemplo de lo que podría ser el futuro de las relaciones entre sociedad civil e iniciativa privada? ¿Un buen momento, un buen pretexto y una buena causa? Todo parece indicar que sí. Enhorabuena para los legisladores en la capital. Que se replique por todos los rincones del país.
