El exvicepresidente de Enron John Clifford Baxter se quitó la vida en 2002 de un disparo en la cabeza. Su suicidio fue el colofón de una historia lamentable sobre el fraude más grande de la historia de Estados Unidos hasta ese momento. Luego vino el escándalo de las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac en 2008 que ahora busca competirle ese deshonroso mérito a Enron. El miércoles nos enteramos que David Kellermann se quitó la vida en su casa en Virginia. Kellerman a diferencia de Baxter, no fue el causante de la debacle financiera, sino alguien que intentó resolver el problema una vez que la crisis estalló, y no fue capaz de lograrlo.
El suicidio significa un debate moral interior. Representa para la cultura occidental por un lado la posibilidad de escapar pero también la pesada carga de dejar este mundo de una forma bochornosa, sobre todo para la familia. Significa que no se fue capaz de completar una tarea que fue encomendada. Es el resultado de un rompimiento entre la expectativa y el producto final. Para el primer hombre pudo representar una oportunidad para no pasar encerrado en la cárcel por años. Para el segundo más un escape de la presión que significó que el apoyo gubernamental no fye suficiente para sacar a la empresa de la bancarrota.
Es una mala noticia para el sistema financiero pero sobre todo para el sistema humano, si es que existe algo así como un esquema de intercambio del estado de ánimo de la sociedad. La muerte de este hombre representa en cierta forma una derrota para nuestro sistema social. La radicalización del valor del dinero por encima de cualquier otro valor, la adoración del esquema de éxitos y fracasos en el que nos hemos enfrascado sin posibilidad de salir. Más siempre es mejor.
En las noticias pasará como la muerte de un hombre, nada más. En nuestras conciencias debe representar algo más. La monetarización de nuestro estado de ánimo y la posibilidad de que un problema económico sea más valioso que nuestra propia vida deben ser malas noticias para nuestra cultura. La crisis financiera de 2009 es precisamente eso: una crisis cultural más que económica y este suicidio sólo una más de sus representaciones.