abril 11, 2006

El acuerdo mutuo

La ley surge del mutuo acuerdo entre los miembros de una sociedad en principio. En principio también debiera de velarse para que el resultado de la deliberación legislativa cumpla con el interés general o al menos de las grandes mayorías y siempre buscando compensar a aquellas minorías rezagadas o afectadas.

El acuerdo entre individuos debería ser general pero se difumina ante el inmenso reto de escuchar a todos, y el aún más apabullante reto de ponernos de acuerdo. Por eso surge la democracia representativa, conformada por personas que representan a un porcentaje del total.

¿Cómo garantizamos que lo que se está decidiendo por nosotros realmente va en nuestro beneficio? Ya lo decía Jean Jacob Rousseau en su obra más conocida Contrato Social que la única democracia legítima es la directa, pues es inherente al ser humano velar por el interés propio antes que el general, y que cualquier intento de democracia representativa siempre tendría este vicio de origen. Sin embargo, lejos de estos mundos ideales, al menos los representantes deben velar por cumplir con ese máximo valor que se les ha encomendado: representar, no representarse.

La ley también tiene que equitativa, igualmente distribuida a todos los miembros de la sociedad que la entienden y utilizan. Los privilegios destruyen el principio de la ley. Las excepciones tienden a ser piedras que nos pueden hacer tropezar.

La ley debe ser discutida, analizada, compensada con diferentes puntos de vista antes de ser aprobada y publicada para su observancia. Si me permiten este término, la ley debe ser co-pensada también. No pueden llevarse todos estos pasos en un lapso de siete minutos pues de lo contrario puede quedar en seria duda si realmente se está cumpliendo cabalmente todo lo anterior.

La ley, antes que eficiente, debe ser justa. La ley antes que rápida, debe ser legítima. Antes que garantizar su aprobación, la ley debe garantizar que beneficia antes que dañar. Que representa a los más que a los menos.

La ley es producto de nuestros mejores razonamientos, no de nuestros peores deseos y ambiciones. El ser humano es apasionado por naturaleza, la ley debe ser desapasionada, reflexionada, imparcial. La ley debería ser un contrapeso a la estupidez humana producto de su espontaneidad. La ley debe ser el resultado de nuestro mejor espíritu.

Haciendo un checklist; analizando la evolución de la aprobación de la nueva ley de radio y televisión recién aprobada por el Senado, ¿podrían decirme cuántas de estas cualidades que he mencionado posee?

¿Alguien?

¿Necesitan más tiempo para pensarlo?

2 comentarios:

akinorev dijo...

Yo digo que la ley nos deja ser, hablar, opinar y pensar. Ser libres, pero al final ellos toman la decisiòn asì haciendonos sentir que somos importantes aquì.

La ley es solo un departamento que es pagado y organizado solo por esa compañia. Nosotros no existimos adentro, si no afuera.

Batz dijo...

Sobra preguntar que fases si cumplio esta ley para pasar?
Aparte de esta ley, crees que la mayoria cumple con estas caracteristicas?