julio 15, 2009

¿Cambio de régimen?

Muchos ya no recuerdan los foros para la Reforma del Estado que organizó Beltrones en 2006, quedaron relegadas por la reforma electoral. Sin embargo sus recientes declaraciones contra Calderón indican que al menos él no se ha olvidado de su idea de cambiar el régimen político en México.

El nombramiento de secretarios de gabinete por parte de Felipe Calderón en el último año ha obedecido más a lealtad que a capacidad y probado desempeño. Ésa fue una apuesta que tuvo sentido sobre todo después de ver lo que pasó con Vicente Fox, donde los mejores no necesariamente se comprometían con el proyecto general del presidente, y donde en más de una ocasión vimos choques innecesarios de egos. La contraparte que ahora estamos viendo es a un gabinete leal pero con pocas habilidades para el manejo político, ni qué decir del conocimiento técnico en secretarías tan importantes como Economía, Agricultura o Comunicaciones y Transportes.

La apuesta de la bancada priísta en el Senado va para al menos impulsar medidas como la ratificación de más miembros del gabinete, idealmente su totalidad (hoy en día sólo se ratifica la PGR, la Defensa Nacional y la Marina). Esto con la contraparte de poderlos deponer en caso de pérdida de confianza por parte de las fuerzas parlamentarias que lo hayan ratificado en un inicio. La carta a los Reyes Magos sería poder lograr pasar una reforma constitucional para que exista una figura similar a un jefe de gabinete, quien probablemente podría ser elegido por la fuerza mayoritaria en el Congreso (faltaría definir cuál de las dos Cámaras pero suena natural que sea el Senado).

Algunos han visto la intención de encadenar a la presidencia con estas medidas. Sinceramente a estas alturas yo no vería nada de malo en hacerlo. Acercarnos a un formato de mayor control mutuo beneficiaría al país por la posibilidad de usar mecanismos de premios y castigos entre los poderes de la unión. La contraparte por supuesto tendrá que ser aprobar medidas que permitan al Ejecutivo usar amenazas contra el Congreso, tales como iniciativas urgentes o incluso la disolución del Congreso para convocar a nuevas elecciones legislativas en un caso extremo. Son asuntos que debemos debatir en la medida que avancemos a escenarios de mayor comunicación y negociación.

Por cierto, ¿alguien hoy en día puede dudar que el gobierno de Michoacán esté metido hasta el cuello con La Familia? ¿Qué pasó con aquellos reclamos de soberanía que gritaba hace un par de semanas el gobernador? ¿Y los otros hermanos incómodos donde quedaron? ¿Por qué nunca salió lo del hermano de Natividad González Parás? ¿Qué negoció Nuevo León a cambio del silencio de la SIEDO?

4 comentarios:

Pereque dijo...

¿Quién o qué va a garantizar que esas ratificaciones y esas deposiciones del Congreso no van a estar guiadas por criterios de conveniencia meramente política que tiren por la ventana cualquier criterio de capacidad técnica (por ponerle un adjetivo)?

Acepto que los criterios meramente políticos hasta podrían ser benéficos para Gobernación, que se acercaría a la figura del Jefe de Gabinete y se convertiría en un enlace mucho más eficaz entre el Ejecutivo y el Legislativo. Pero para secretarías eminentemente técnicas (otra vez, para ponerle un adjetivo) en las que la política es un estorbo, como SCT o Salud, no le veo ninguna ventaja a la ratificación del Congreso sobre el nombramiento inmediato del Presidente.

Pero en general, la idea básica de ratificación y deposición por el Congreso es interesante. Parece que funciona para las tres actuales, y creo que puede funcionar para SRE y SSP además de Gobernación.

Saludos.

nestorGR dijo...

Me parece sano entrar en una reformación de fondo para el Estado Mexicano, me parece sano también que la reforma no solo toque al ejecutivo, sino al legislativo y al judicial también. Por qué no conocemos la eficiencia y eficacia de los diputados y senadores de una forma que nos permita deponerlos a la mitad de su periodo en el curul? o en su caso ratificarlos para un periodo más? En el caso del judicial ocurre lo mismo, aún cuando no emanan de una elección popular, como ciudadano me gustaría tener conocimiento de la actuación de cada uno en un formato de indicadores que me permita compararlos.

Ricardo Martínez dijo...

En teoría el hecho de que la ratificación tenga que pasar por tres cuartas partes del Congreso puede rebasar la frontera de lo meramente político.

Hemos visto que esto no ha funcionado en nombramientos como, por ejemplo, consejeros del IFE.

Esto va más allá de la propuesta de la ratificación, tiene que ver con la calidad de nuestros políticos y su compromiso con proyectos de más largo plazo que su interés partidista y personal. Soy un convencido de que en la medida en que continuemos avanzando en este nuevo régimen democrático generaremos mecanismos más eficientes de comunicación entre partidos y entre órganos. Para decirlo coloquialmente, echando a perder aprenderemos los riesgos de tomar todo a la ligera. Puede ser una percepción demasiado ingenua tal vez, pero ahí se las dejo a su opinión.

Ricardo Martínez dijo...

Quise decir dos terceras partes del Congreso, no tres cuartas partes.

Néstor, muy buena propuesta. Tendríamos que pensar en mecanismos también de protección para cada uno de los tres poderes, por lo que dice Pereque, no que no vaya a ser usado como arma política (aunque el hecho de que exista la amenaza de poder ser usado como arma política implica que el que ataca se tiene que aguantar a ser atacado de la misma forma, y esto puede generar un equilibrio interesante)