octubre 10, 2007

Los padres a las urnas

El tema del voto a los religiosos en México se ha vuelto un tabú. Nacionalismos trasnochados y liberalismos mal entendidos nos han orillado a opinar que los religiosos deben mantenerse en sus conventos rezando y olvidándose del resto del mundo. Grave error.

Si hay dos grupos que pueden convertirse en agentes [des]integradores de una sociedad esos son los maestros y los religiosos. Son capacidades de establecer redes a su alrededor y conformar visiones de comunidad que hoy en día necesitamos. Leyendo al multicitado (hasta la náusea como dicen) Robert Putnam, la sociedad puede desarrollarse sólo a través de la formación de capital social. Hasta ahí la paráfrasis.

Si algo he leído constantemente en nuestra realidad política mexicana es que carecemos precisamente de ese capital. Los maestros se encuentran desafortunadamente limitados en su actuar y pensar por sus poderosísimos sindicatos, quienes les plantean la obediencia ciega o la muerte profesional: plaza por tu silencio. Los religiosos por el otro lado, aunque hay nefastas excepciones, en su gran mayoría están caracterizados por una abierta capacidad de formación de redes que en algunas ocasiones van encaminadas a la construcción de valores notables. No es casualidad que mucha de la resistencia indígena y no indígena en el sur mexicano está organizada por religiosos.

Habría que distinguir entre el religioso sujeto a la arquidiósesis y aquél que trabaja en hermandades más humanitarias. Sin negar la posibilidad de que el primer grupo también actúe para el bien, la enorme mayoría de los verdaderamente vocacionados se encuentran en el segundo grupo. Las órdenes religiosas son quienes han transformado este país, impulsando la educación, formando redes comunitarias, ayudando a estos mismos grupos para aprender el español, comerciar sus productos, y un largo etcétera.

Más allá de las opiniones personales que tengo contra la religión, nada me cuesta aceptar estas verdades. Y ahora la pregunta que desde el principio tengo, ¿Por qué no permitir que ellos voten cuando significan un grupo representativo de la sociedad? Conste que no me estoy yendo por la justificación hueca de decir "60% de la nación es católica", sinceramente creo que quienes sostienen ese argumento están promoviendo la intolerancia que ellos mismos padecen. Cuando hablo de religiosos, cabe aclarar, no me refiero únicamente a esa iglesia sino a todas.

Las argumentaciones más comunes contra permitir el voto son dos: nacionalistas o "liberales". La primera va en el sentido de no darle al Vaticano la capacidad de influir en nuestros asuntos políticos. La segunda va en el sentido de que el voto al clero significa un retroceso a la sociedad (pero no dicen cómo es esto).

¿Les suena a cuando se hablaba del voto a los extranjeros? ¿Recuerdan aquellas argumentaciones que hablaban de hordas de chicanos votando y empujando nuestra agenda a sus propios intereses gringos? Sí, yo sí lo recuerdo. Y también recuerdo que no votaron más de 2,000 de aquellos 10 millones que supuestamente se abalanzarían a las casillas en los consulados. Les importó poco.

Los religiosos creo que entrarían en el mismo supuesto ¿Creen que les importará más que al resto de los mortales? ¿Creen que tendrán una agenda definida impuesta desde el Vaticano? La verdad que me suena tan ingenuo que sus argumentos se caen solos.

El voto a los religiosos sería un siguiente paso que este país requiere dar para asegurar que nuestra sociedad sigue avanzando en el camino a la completa tolerancia. Ellos tienen tanto derecho como cualquier otro de emitir su punto de vista sobre qué país quieren. Si estamos o no de acuerdo con lo que piensan y defienden, esa es otra historia.

6 comentarios:

Cerebro dijo...

Pues deberían tener derecho como cualquier ciudadano común. Una cosa es que no se entrometan en la política; pero otra cosa es que tengan menos derechos.

Lo malo es que pasan las dos cosas. Gente como El Cardenal Roberto Rivera se mete bastante en la política y a la vez los religiosos no pueden votar.

Reva Doiss dijo...

Excelente interpretación mi estimado Cerebro. Esa caricatura refleja lo absurdo de nuestra situación actual. Saludos

Hari Seldon dijo...

Wow, excelente comentario! Creo que es lo mejor que he leido en todo el año.

Fijate que una cosa que he pensado es que la desintegración social siempre viene acompañada de una desintegración económica. Ya sea que, como el caso que Estados Unidos está viviendo y va a vivir, su sociedad se desintegre y la crisis económica venga en consecuencia, o, como ocurrió en México, la crisis económica arrasa con toda la sociedad y por tanto contribuye su desintegración. En cualquier caso, no se pueden separar la una de la otra; una sociedad fuere es requisito y consecuencia de una economía fuerte, y viceversa.

Después de 13 años donde le hemos puesto tanto enfasis a la restauración de la economía, siento que México ha llegado a un límite de desarrollo económico. Como que después de cierto nivel (el de los $8 mil dolares per capita, compensado por paridad de poder adquisitivo). Es, en mi opinión, evidente que cambios más profundos en la economía solo pueden venir con cambios más profundos en la sociedad. Lo hecho hasta ahora ha estado bien, pero falta muchísimo más.

¿Tú que piensas al respecto?

Reva Doiss dijo...

Como comentas acertadamente y retomando una metáfora del alcalde de Palermo Leoluca Orlando, esto es como un carrito que necesita dos ruedas para avanzar. Si sólo tiene una, dará vueltas en círculos en su propio eje. Él lo utilizó en el caso de la participación de la sociedad civil como complemento al combate del gobierno al crimen organizado, pero se lo adopto.

Necesitamos avanzar socialmente para que muchas injusticias que hoy erróneamente encasillamos en el aspecto económico (discriminaciones, prejuicios, desintegración, marginación), se resuelvan o al menos aminoren su intensidad.

Por cierto, ya compré el micrófono finalmente. Espero instrucciones compañero

Batz dijo...

Me cuesta decir que tienes razon, pero tus argumentos dicen que si la tienes. Me cuesta porque creo firmemente que los los sacerdotes no deben utilizar su posicion de influencia para modificar la conducta politica de las personas que escuchan sus sermones.
Es dificil decir que son como cualquier otro mexicano, porque no lo son. Ellos tienen acceso a un publico semanal que escucha para obedecer. Si solo fuera el voto, estaria de acuerdo. Pero que con sus sermones vinculados a la politica???
La ultima vez que acompa~e a mi mama a misa fue cuando el sacerdote dijo que debiamos de votar por Fox porque era el candidato que dios habia elegido. Que era nuestra unica opcion... Que con eso???

Reva Doiss dijo...

Cada quien está en su derecho a obedecer lo que guste, no?