abril 21, 2007

El Tren

// Una disculpa a mis amables lectores, pero he andado algo ocupado en otras cuestiones. Publico el artículo de esta semana que apareció en el SextoPiso y espero pronto poderles escribir cosas interesantes//


Hace dos años Elena Poniatowska publicó un libro que pasó con más pena que gloria, salvo los apasionados con el tema de los movimientos sociales que encontraron un reflejo emocionante en esas páginas. El Tren Pasa Primero fue criticado desde el principio más por el activismo político de la renombrada escritora en ese y el siguiente año, que por la calidad y el contenido de su obra. El apasionamiento entre López Obrador y Calderón manchó un libro que habría generado debates intelectuales más profundos si ese velo no hubiera sido tan grueso sobre nuestros ojos. Ahora intento rescatarlo para mencionar algunos de los aspectos que más me hicieron pensar, y que provocaron no una, sino varias acaloradas discusiones con mi padre en las vacaciones de Navidad sobre el fracaso del sistema carretero y de transportación en México, pero principalmente sobre la viabilidad de abandonar el auto y pensar en el tren.

La discusión después de algunas bebidas embriagantes comenzaba con mi idea importada de este libro sobre la tontería que había sido abandonar el sistema ferroviario a su suerte y perdición justo después de la revolución. El entusiasmo que estaba provocando a nivel mundial el diseño y producción en serie del modelo T1 de la Ford hizo que Latinoamérica y en particular México dejaran su eficiente sistema de trenes para abalanzarse a comprar los autos de moda y construir carreteras. Era tan bueno nuestro sistema de trenes que incluso había logrado mantener a Francisco Villa muchos más años de los que hubiera sobrevivido sin los ferrocarriles.

Quizá fue esa mala experiencia la que provocó que los generales triunfadores se avocaran a construir carreteras cuando la amplia mayoría de la población no tendría oportunidad de comprarse un modelo de combustión interna hasta muchas décadas después. La transportación se volvió un privilegio para unos cuantos hasta que finalmente el uso del automóvil se democratizó. Pero con esta solución llegó el problema todavía más grave de congestionamiento vial. Largas filas que cruzaban las arterias otrora tranquilas de la Ciudad de México generaban problemas de contaminación que hasta la fecha no hemos podido solucionar.

El acceso limitado de los pobres al transporte particular que se había vuelto en la razón de ser y de trabajar para muchos mexicanos (trabajamos para pagar las letras del carro), obligó a que se pensara en el transporte público. Así los camiones destartalados y en pésimas condiciones de seguridad comenzaron a sumarse a la enorme cantidad de automóviles que ya invadían las aceras de todas las ciudades. Una de las imágenes más interesantes de esta nueva situación es ir viendo cómo los camiones se detienen y avanzan, se detienen y avanzan en una danza de alimentación y defecación de seres humanos. Comen y cagan gente a medida que van avanzando, liberan cantidades impresionantes de humo negro como si fueran sus propios gases de la digestión. Lo más interesante de todo esto es que una vez defecadas, esas mismas personas continúan por su propio pie su camino, como si los jugos gástricos del camión no hubieran hecho sobre ellos ningún efecto.

La consecuencia de todo esto es que entramos a una carrera imposible de ganar ¿Qué hace el gobierno para solucionar el tráfico? Construye más calles, más pasos a desnivel, más carriles en las carreteras ¿Qué hacemos nosotros? Compramos más y más carros. A medida que las vías se vuelven más amplias, ésta será una invitación para que se vuelvan irremediablemente más densas. Lo que antes era una tranquila calle de colonia, de un momento a otro se vuelve un torrente de automóviles que persiguen su indomable afán por llenar esas calles, por llegar más rápido, por violentar el ambiente con sus bufidos.

La solución hubiera sido (y todavía puede ser) el desarrollo de un sistema ferroviario de primer nivel, esa ha sido la tendencia en países europeos y asiáticos. Trenes de pasajeros y de carga. Desincentivar el uso del automóvil a través de menos inversión en carreteras y calles. Se tiene que invertir el proceso de automovilización hacia uno más eficiente que implique el uso masivo de los trenes. Haber abandonado ese proceso ha tenido costos ambientales, económicos y sociales incuantificables. Nada más es cosa de ver las nubes que ahora adornan nuestras grandes ciudades y a las cuales cada vez nos acostumbramos más. Las enfermedades respiratorias y digestivas. Todo por el gusto de tener nuestro carrito. Ya mencioné aquí lo esclavizante que resulta estar pagando un producto de ese precio, sólo porque no tenemos otra alternativa. Intentemos utilizar el servicio público de transporte todos al mismo tiempo para así provocar que éste mejore.

Irónicamente la solución al problema de la transportación se ha vuelto en el principal problema para transportarnos rápidamente. Las horas pico se vuelven cada vez más amplias, casi hasta abarcar la totalidad del día. A los afortunados que nos quedamos en la ciudad en estas vacaciones pudimos disfrutar de algo que hacía mucho no sentíamos: llegar a nuestros destinos en pocos minutos, disfrutar el viaje y no sufrirlo. Esto se volverá cada vez más escaso a medida que sigamos invirtiendo en caminos para automóviles. La mejor razón para no abandonarlo es la dependencia económica que tenemos particularmente con la industria del automóvil. Buena razón, pero mejor sería pensar en desarrollar una industria del ferrocarril donde aprovecharíamos las reservas de metal para construir las vías, y la mano de obra para diseñar las maquinarias.

Vallejo, el líder de los ferrocarrileros en pluma de Poniatowska nos informaba de esta provocación del Estado para sabotear al sistema ferroviario. Pudo haber sido un movimiento deliberado o simplemente la falta de visión de nuestros gobernantes anteriores. El resultado ahora lo podemos ver pero en nosotros está una parte de la solución.

Reformar nuestro sistema de transporte, recuperar al tren, inclinarse por el transporte público ecológico, dejar nuestro auto estacionado y caminar, andar en bicicleta. Caminar. Recordar que somos seres motrices y no nacimos con un apéndice de cuatro llantas y 10,000 pesos anuales de tenencia. Te invito a que pensemos en alternativas para trasladarnos.

3 comentarios:

Blog para pensar dijo...

Este problema lo estamos padeciendo en Guadalajara. Siempre se hacen nodos viales para buscar ganar las elecc.. solucionar el tráfico. Pero estos nodos quedan obsoletos unos años despues, porque ni siquiera hay planeación. Tenemos un tren ligero, que es muy bueno, pero es muy insuficiente porque son solo 2 lineas, en una gran ciudad.

Falta cambiar la cultura del coche, y en lugar de hacer 2dos pisos y nodos viales, se debería invertir en mas lineas de metro.

Reva Doiss dijo...

Y en carriles para bicicletas me gustaría agregar. Saludos

Don Mike dijo...

ASI ES SR.yOP SOY UN TIPO QUE CON TODA LA SOBERBIA PUEDO PRESCINDIR DE UN AUTO(mi discapacidad para trasladarme de un lado aotro por muy peuqeña que sea la distancia, no llega a tanta estupidez).Caminar entre los caaros pparados por el trafico es una delicia.Mirarles las caras de pendejos no tiene precio.

Saludos sr, y ya escriba cosas interesantes..jojojo.