junio 21, 2009

Irán y el aburrimiento crónico

Apenas surgieron los primeros incidentes postelectorales en Irán y la gente en todo el mundo se abalanzó sobre el último ejemplo de que seguimos vivos como sociedad. Ejemplo de que aún existen zonas en el mundo que no han caído en el aburrimiento crónico/consumista/pasivo que nos invade por todos lados.

La explosión de notas y comentarios en Facebook y Twitter sobre las manifestaciones en Irán (Power to the People!) me hacen reflexionar sobre un hecho que cada vez parece más evidente. Nos encontramos en una búsqueda interminable por notas y asuntos que nos arranquen de la rutina. La magnificación de los medios de comunicación alternativos sólo ha venido a empeorar esa sensación de mutua vigilancia, de desesperación por encontrar una justificación para liberar nuestra ira contra los autoritarismos focalizados.

Cada vez somos mejores testigos de que el enemigo desaparece, se difumina. Ya no existen aquellos grandes tiranos que nos hacían emocionarnos por sus triunfos y fracasos. Fidel Castro se encuentra apenas en una fase que podríamos llamar teatral. Los líderes de Irak y de Corea del Norte son títeres comparados con aquellos que antes nos hicieron temblar durante la guerra fría. Las corporaciones que fueron en un momento el nuevo foco de atención de los jóvenes aburridos (recordemos Seattle y Porto Alegre durante finales y principios de siglo), se han perdido en la bruma, ya no encontramos incidentes de McDonalds apedreados por altermundistas en los foros de Davos o en las reuniones de la OMC. Se acaban los objetivos por los cuales podamos unirnos y luchar contra la injusticia. Algunos vislumbran en el tema ambiental una nueva forma de protestar pero en realidad resulta tan difícil encontrar a un enemigo (que no seamos nosotros mismos) que se pierde la fuerza.

Por eso cuando las fuerzas del orden de Ahmadinejad dispararon contra civiles en el país de Medio Oriente resultó tan sorpresiva la reacción de la sociedad por todo el mundo. Fue un frenesí increíble, una gota sobre el desierto de aburrimiento, una lucha que valía la pena apoyar ¡Encontramos un enemigo! Ya no eran epidemias de influenza o crisis financieras que nadie entendía cómo resolver, menos a quién culpar. No, esta vez es un personaje oscuro que se atreve a negar el holocausto, que se alía con los peores aliados de Occidente, una caricatura del malvado que necesitábamos para nuevamente sentirnos comunes, aliados de una lucha justa.

Twitter la semana pasada fue el síntoma más evidente de la pesadumbrez y el letargo en el que vivimos comenzando el siglo 21. Necesitamos más historias que nos hagan sentirnos vivos. Irán, el siguiente ejemplo del romanticismo sesentero, las ganas por cambiar al mundo, la energía que desborde todas las pasiones políticas que necesitábamos vomitar desde hacía tantos años.

2 comentarios:

Cerebro dijo...

El consumismo ha absorbido nuestras ganas por manifestarnos en contra de algo. Antes muchos seguían al Che Guevara y rompían vidrios. Ahora las corporaciones venden camisas del Che.

Ricardo Martínez dijo...

Con tinta 100% biodegradable, por cierto.