junio 17, 2009

La trampa de la institucionalización de la ciudadanía

Es muy fácil decirlo: hay que crear los canales institucionales y acomodar el orden jurídico para promover la participación ciudadana. Hemos leído autores muy destacados y reportes de organismos internacionales que así lo favorecen y recomiendan. Vamos a crear los espacios ciudadanos dentro del gobierno para que finalmente tengamos participación.

Las trampas comienzan desde el principio. Suponer que la ciudadanía no participa porque no existen los mecanismos para que lo haga. Tenemos infinidad de ejemplos en nuestra vida diaria donde podemos corroborar que los ciudadanos que quieren participar, lo hacen independientemente de los mecanismos que el gobierno les brinde. Así también, tenemos ejemplos en todo nuestro alrededor para que, independientemente de que se construyan oficinas ejecutivas, organismos consultivos, leyes de participación ciudadana (como si nuestra participación tuviera que estar reglamentada), los ciudadanos simplemente no salen a participar.

Creo que se está perdiendo el foco de la discusión cuando se supone que un poco de ingeniería institucional puede resolver los problemas culturales crónicos que tenemos en nuestro país. La falta de interés de la política se debe a complejos multifactoriales que deben ser analizados con cuidado. Por supuesto que la facilitación de algunos elementos puede propiciar que las organizaciones ciudadanas ya conformadas y con agenda política tengan mayor presencia y protagonismo, no me queda duda de ello. El error está en suponer que una ley de participación, la creación de órganos consultivos y agencias ciudadanas van a sacar a los ciudadanos del letargo en el que viven. Es caer en los mismos errores que cayeron aquellos que suponían que con un poco de pan mohoso y humedad se podía crear vida, aquellos que se unieron a la teoría de la generación espontánea.

El ejemplo más grotesco del peligro de suponer que la ciudadanía se puede promover a través de leyes y el proceso de institucionalización (que tan de moda se está poniendo ahora, como si fuera la solución a todos nuestros problemas), se encuentra actualmente en Nuevo León. José Natividad González tuvo a bien crear oficinas y agencias ciudadanas al mayoreo. Los órganos consultivos sólo han funcionado, salvo muy pocas honrosas excepciones, como clubes de distinguidos amigos del gobernador que se reúnen una vez al mes a aplaudir los logros del gobierno a expensas del erario público (porque desayunan muy bien los muchachos, por cierto). Cuando se le pregunta al gobernador que si qué está haciendo para generar mecanismos de participación ciudadana, él tiene todo el derecho de decir que a través de esos órganos consultivos se está escuchando a la sociedad y se le está tomando en cuenta en la toma de decisiones y en la evaluación de los proyectos. No hay mentira más grande que ésta.

Volvamos un paso atrás. La ciudadanía debe promoverse en las aulas, en las familias que tienen oportunidad comer juntos, entre los amigos, con las experiencias personales positivas y negativas que impacten al individuo y lo hagan reflexionar sobre la necesidad de salir del ámbito privado para participar más activamente en la generación del bien común. Un gran hombre que tuve el honor de que fuera mi maestro, Horacio Guajardo, comentaba precisamente esto, que la verdadera democracia crece en las plazas, en las aulas y en el seno de las familias. No caigamos en la trampa fácil de la institucionalización. Eso sólo sirve para hacerle el caldo al gobierno, darle pretextos para que palomeé en su lista de pendientes que ya hizo lo que tenía que hacer por los ciudadanos.

2 comentarios:

Cerebro dijo...

Eso es algo muy cierto. Esos "espacios" que dizque abre el gobierno son mas demagogia que nada, mas hacer creer que el gobierno oye al pueblo, cuando vemos que es al reves. No por nada muchos quieren anular su voto.

El PAN en Jalisco se las ha dado de que abre sus oídos a la ciudadanía, ha dizque creado instituciones. Pero solo te apoyan cuando tus ideas están alineadas a los intereses de los políticos o gobiernos en turno.

Un ejemplo así ocurre con la asociación con la que participo, donde buscamos que se reactive el proyecto del Tren Ligero.

Como ese proyecto va en contra de los intereses del Gobierno y de los empresarios que tienen las rutas de camiones (y a quienes les concesionaron el Macrobus), entonces si no nos hacen caso, y nos dicen que mejor nos pongamos a estudiar.

Creo que eso de los espacios a la ciudadanía nunca va a funcionar mientras el ciudadano no despierte.

Ricardo Martínez dijo...

Ése también puede ser un excelente ejemplo de cuánto le hace falta a la ciudadanía organizarse para poder articular demandas concretas, especialmente cuando vienen elecciones. Te invito a que busques la forma de usar esa fuerza contra el gobierno que te ha bloqueado, y a favor de alguno de los candidatos que pueda comprometerse con tu proyecto. Ésa es la verdadera ciudadanía que necesitamos, una que tenga una agenda y sea capaz de jugar en la arena democrática.