Publicado en 15diario
Escribir un libro en tres meses como debe ser una labor maratónica. Implica haber tenido una fuerte motivación para hacerlo. Estoy seguro que el factor económico de vender tantos libros como se pueda en un momento de oportunidad no fue necesariamente lo que lo llevó a hacerlo. Parece que la señal de alerta que menciona Espino en su libro no va contra el PAN que supuestamente se está perdiendo en el ejercicio del poder, sino contra el presidente y su equipo. Después de haber hojeado el libro que ayer compré en Sanborns me quedo con esa impresión.
Más que contra Beltrones de quien es sabida su rivalidad desde sus andanzas en Sonora, la advertencia es contra un presidente reducido por lo pantanoso que se ha vuelto el terreno alrededor de la reforma energética. Haberle removido a su hombre de confianza del liderazgo del PAN en el Senado pareció ser un movimiento que puso nervioso a más de uno del equipo de Fox. El pacto no escrito había sido que las coordinaciones en ambas Cámaras serían un frente contra cualquier intento de comisión o investigación contra la familia Fox y sus más cercanos colaboradores. Así se entendió la llegada de Creel y el hasta ahora coordinador de los diputados del PAN Héctor Larios, quien no dudó en poner su renuncia en la mesa el mismo día que se supo de la remoción de Santiago.
Entender esta guerra entre panistas tendría que llevarnos por varios pasillos de los que tal vez no tengamos pleno acceso. Apenas tenemos algunos vistazos a través del cerrojo. Algunas de las interpretaciones apenas se las escribí aquí arriba. Calderón llegó a la presidencia por varios pactos, los cuales hasta cierto punto ha logrado respetar. Uno de ellos sin embargo se interpuso con otro más importante. El pleito entre la televisora y Santiago puso en un dilema al presidente en el que tuvo que tomar una decisión: abandonar al panismo conservador y a la gente que en cierta forma le abrió accesos que no hubiera tenido de otra manera como el famoso asesor estadounidense coautor de la campaña negra, los accesos privilegiados en televisión y radio, los acuerdos con los gobernadores priístas para favorecer el voto a través de la maquinaria magisterial de doña Elba Esther, entre otros. Optar por las televisoras tenía como fundamento reforzar la campaña que día y noche recibimos para convencernos mecánicamente que la reforma de Calderón es lo mejor que le puede pasar a nuestro país. Otra interpretación puede llevarnos a un pleito entre Ramírez Acuña y Juan Camilo Mouriño. El niño bien que puso Calderón en la Oficina de la Presidencia es el principal responsable de la alianza con Beltrones de acuerdo al autor de este libro. Una de las principales líneas que se rumoró como causa del escándalo de los contratos de Mouriño que explotó en marzo en voz de López Obrador señalaba a un resentido Paco Ramírez Acuña, cercano al Yunque que Espino protegió durante su mandato, detrás de esa información que sólo él podía tener. Cuando le hicieron saber la decisión del presidente, Ramírez enfureció y fue a gritarle a Calderón que eso era una traición. Espino al parecer así también lo entendió, especialmente cuando se consumó el triunfo de Germán Martínez Cázares en el liderazgo del PAN.
Si tuviera que decidir las razones de Espino no apuntaría a Beltrones con quien el exlíder del PAN no tiene nada qué luchar. Es contra el PAN que llegó con Calderón y que nunca se sintió cómodo con la cohabitación con los foxistas. Hacer ver al PAN de Calderón como el heredero de las peores prácticas del PRI tiene un doble filo. Las verdaderas intenciones de este libro no tienen que ver con hundir al coordinador de los priístas en Xicoténcatl pues su historia no arrojaría nada nuevo al tintero. Estamos hablando de una lucha desesperada, una forma de demostrarle a Calderón y su gente que Manuel Espino aún tienen ases bajo la manga que puede utilizar si esta campaña de agresiones contra el ala más cargada a la derecha del PAN continúa. La señal de alerta debe haber sido recibida en Los Pinos con preocupación seguramente. Espino debe tener información que no fue publicada. Una bestia herida puede ser más peligrosa que cualquier ejército de niños vestidos con Armani y educados en Estados Unidos que piensan que pueden jugar a ser políticos en sus ratos libres.