octubre 29, 2008

Democracia Económica

El discípulo de Guillermo O'Donell Jorge Vargas Cullell plantea en un libro de reciente publicación la posibilidad de que la democracia ha logrado rebasar los ámbitos políticos para comenzarse a insertar en otras áreas de acción como los mercados y la misma familia.* Pone como ejemplos la regulación de los mercados, un tema que sin duda tomará aún mayor relevancia después de la crisis financiera mundial, y los derechos de los menores aún por encima de la autoridad normalmente autoritaria de los padres. Las consecuencias de esto es que la democracia al permear otras esferas de acción provoca una asimilación más allá de lo normalmente considerado como político. Hablar por ejemplo de un mercado democrático parece una absurda contradicción. Sin embargo se vuelve cada vez más recurrente encontrar leyes que buscan una redistribución de los recursos de manera más justa, sea mediante la intervención estatal o a través de medidas restrictivas promovidas por los mismos cuerpos empresariales o sindicales.

El encuentro de la democracia con cuerpos naturalmente antidemocráticos ha puesto sobre la mesa una vieja discusión ¿Somos verdaderamente animales democráticos? ¿Es esto una invención que ha funcionado pero que no por ello deja de ser artificial? La democracia se enfrenta todos los días con sus peores enemigos en actores que supuestamente deberían defenderla ¿Es posible imaginar a un ciudadano que prefiera otra forma de gobierno donde las libertades y los derechos mínimos no estén garantizados? Cuando se defiende la completa libertad del capitalismo parece que tenemos frente a nosotros a esos ejemplares.

¿Qué implicaría pensar en un sistema con mercados democráticos? Irremediablemente se tendría que poner el acento sobre el derecho de los muchos para acceder a las mismas oportunidades que los pocos que actualmente gozan de estos privilegios. La primera crítica a esta posibilidad es que los la democratización desincentiva la creatividad y el derecho de los mejores para seguir logrando más. Cuando llevamos esa reflexión al ámbito político es cuando podemos hacer comparaciones interesantes. Los defensores del mercado desregulado plantean lo que hace un momento les comenté, y que cualquier intervención es una distorsión, ¿entonces tendríamos que pensar lo mismo para lo político? La democracia establece límites artificiales a realidades que de otra manera no serían igualitarias. Hablando de la capacidad de tomar decisiones, ésta debería recaer naturalmente sobre los más aptos, sobre los grupos de interés que tienen la capacidad de organizarse y eventualmente comprar las voluntades de los funcionarios en las instancias gubernamentales. Darle la oportunidad de tomar decisiones a personas que no tendrían la capacidad de defender este derecho sin la ayuda del Estado es entonces una distorsión de la realidad social. Los más fuertes deben gobernar y los más débiles deben sucumbir por su incapacidad para sobrevivir. Planteando esta realidad que obviamente sería rechazada por cualquier ciudadano en el siglo veintiuno es que podemos hacernos la siguiente pregunta ¿Cómo es que toleramos la injusticia en la economía mientras juzgamos con tanta fuerza la injusticia social?

La valoración de esta simple pregunta puede hacernos reflexionar varias cuestiones ¿Es necesario que el Estado intervenga en la economía como lo hace en la sociedad para garantizar la igualdad? La respuesta implica un debate tan largo como la historia del capitalismo moderno. Ante la situación mundial actual es que tenemos que preguntarnos ¿es necesario establecer controles a quienes han aprovechado su situación privilegiada? ¿Si la economía es algo idealmente libre, por qué la política no ha de serlo? ¿Qué nos hace pensar que los ciudadanos necesitamos que el Estado nos garantice derechos políticos pero que no se le ocurra meterse para garantizar derechos económicos?

Vargas Cullell nos asegura lo que para quienes vivimos en América Latina resulta evidente pero que a veces se nos olvida recordar en las instancias internacionales. La verdadera democracia no llegará mientras no podamos garantizar una democracia económica. No hablo de socialismo sino de mismos derechos para mismas condiciones. La desigualdad económica es una forma de autoritarismo, basta ver cualquier nota del periódico para responder quiénes son los que verdaderamente toman las decisiones hoy en día, en nuestra supuesta democracia.


 

*Ochoa, Oscar (2008) La Reforma del Estado y la Calidad de la Democracia. Editorial Porrúa/EGAP. México

8 comentarios:

david dijo...

Acabo de regresar del cine... mientras platicaba con un amigo (Republicano) sobre Obama que tal vez gane en un estado Republicano como Arizona y de repente nos avisan que por algunos pequeños problemas los trailers de las películas se tardaron unos 5 minutos por empezar. Por la "molestia" (que todos ignoramos) nos regalaron un boleto gratis, para volver cualquier dia de la semana a ver cualquier película.

Aqui (en EEUU) tienes 15 minutos para decidir si te gusta la película o no... y si no te gusta puedes cambiar de película. Si te quejas sobre el sonido... o sobre algunas escenas que no se ven (o no se ven bien) te dan boletos gratis.

En México me ha tocado cambiar de decisión de una película antes de que empiece y no te cambian el boleto... y menos te devuelven el dinero.

En México la balanza comercio-cliente está muy cargada al comercio y el cliente solo tiene que conformarse con lo que ofrezcan.

Se que Hari empezará a mencionar las bondades del libre mercado pero en realidad esto no existe en México casi.

En México existen empresas demasiado poderosas (Telmex/Telcel, Televisa) y otras que no pueden competir por pequeñas. En México existe bajo nivel de atención al cliente (para la mayoría).

Ojala en México aplicaran estos principios, pero yo (en mi experiencia) no lo veo así. En México casi siempre es la libertad de escoger el menos peor, o simplemente a veces te jodes porque no hay opciones.

Anónimo dijo...

Si, Ricardo, todo se resolvería quitándole todo a los ricos, encarcelando, aterrorizando y matándo a los que se resistan y volviendo a México en una segunda Cuba donde también se asesine al que trate de huir del "paraíso marxista".

Siempre me dan risa los comunistóides, párrafos y párrafos de paja para disimular sus intenciones violentas... ¿democracia económica? jajaja!!

david dijo...

Yo no se de la validez del termino, pero lo entiendo como la capacidad de cualquier ciudadano de decidir en el ambito (micro) economico.

De lo que habla creo que es algo real y que todos podemos ver reflejado todos los dias.

Ricardo Martínez dijo...

david, También hablo de la imposibilidad que tenemos para que los mercados tengan tintes democráticos, hablo del gran esfuerzo que imprimimos para asegurar que los poderosos no eliminen a los débiles en cuestiones políticas, pero que no hacemos lo mismo en el plano económico. Simplemente una reflexión. Interesante ejemplo del cine, tiene algunos de los elementos que menciono pero desde la perspectiva del consumidor.

A los que ven violencia en este escrito es probablemente porque se están proyectando. Así que me limitaré a decir "muchas gracias por su comentario". Nada más me despierta ese comentario.

Batz dijo...

No se puede negar que los económicamente poderosos pueden mover montañas. Obviamente pueden apoyar a quien les parezca que seguirá acrecentando sus propiedades y capital.
Una persona en desigualdad económica a veces no tiene ni tiempo para pensar por que candidato votar, o solo se ve saturado por información de televisa diciendo que uno de estos candidatos es el diablo y que mejor voten por el azul.
En una sociedad mas democrática, todos deberían tener el mismo valor. Quizá fortaleciendo la participación social se logre compensar esta desigualdad.

Hari Seldon dijo...

david, lo que pasa es que para que las ventajas del libre mercado funcione, se requiere de emprendedores que las aprovechen. Si no, se generan monopolios que contraen la oferta y, así, imponen condiciones.

Mexico carece de emprendedores, y por eso requiere de emprededores extranjeros. La gran desgracia de Mexico es que nadie quiere tomar riesgos. Como el que no arriesga, no gana, Mexico pierde consistentemente en el juego del libre mercado. Es por eso que en Mexico el juego del libre mercado no es popular. Eso no significa que deje de ser lo mejor.

Hari Seldon dijo...

Ricardo, por fa mandame un mail. Tengo algo que preguntarte. hseldon10@yahoo.com

Ricardo Martínez dijo...

Listo. Reitero mi correo ram250998@gmail.com Saludos